Hábitos vs. objetivos

Me gusta caminar y muy cerca de Lleida hay una ruta que nos encanta. Es una ruta circular que sigue las canales de irrigación por los campos de olivos. Al final de la ruta hay una fuente antigua.

Hemos caminado la ruta varias veces, pero nunca hemos llegado a la fuente. Aunque el objetivo era llegar a la fuente, nunca hemos tenido una sensación de fracaso, sino siempre volvemos sabiendo que hemos disfrutado mucho del camino.

Además, estoy seguro de que el día en que llegaremos a la fuente tendremos una decepción, porque la fuente sólo es un punto en el camino. Para nosotros, disfrutar del camino es más importante que llegar a la fuente.

 Hábitos vs. objetivos

Todos tenemos objetivos: metas pequeñas o grandes que queremos conseguir en un tiempo específico. Algunas personas quieren ganar un millón de euros antes de tener 30 años. Algunas personas quieren perder diez kilos antes del verano. Incluso hay personas que quieren escribir un libro en los próximos seis meses.

Cuando comienzas a perseguir un concepto intangible o vago (tener éxito, riqueza, salud, felicidad,…), a menudo el primer paso es definir un objetivo tangible. ¿Qué es el éxito para ti? ¿Cuanta riqueza necesitas? ¿Con qué criterios valoras tu salud? ¿Cómo sabes si realmente eres feliz?

Si consultas textos y vídeos sobre la efectividad personal, encontrarás diferentes métodos para definir bien tus objetivos. En KENSO tenemos la técnica RETOS para convertir una meta intangible en un objetivo claro.

Pero luego hay que saber que el objetivo no es importante; lo importante es el camino. Cuando estamos hablando de objetivos personales, el camino consiste de tus hábitos.

Los hábitos son procesos que funcionan en segundo plano y que alimentan tu vida. Los buenos hábitos te ayudan a conseguir tus metas. Los malos hábitos te obstaculizan. De todos maneras, los hábitos influyen de forma poderoso tu compartimiento.

Nada cambia tus resultados en el futuro tanto como los hábitos.

La diferencia entre hábitos y objetivos no solo es semántica. Cada uno requiere diferentes formas de acción. Por ejemplo:

  • Si quieres aprender a hablar un nuevo idioma, puedes decidir que quieres hablar con fluidez en doce meses (objetivo), o te puedes comprometer de practicar durante media hora cada día (hábito).

  • Si quieres leer más libros, puedes fijar el objetivo de haber leído 50 libros al final del año o decidir llevar siempre un libro contigo (hábito).

  • Si quieres dedicar más tiempo a la familia, puedes planificar de pasar diez horas por semana con ellos (objetivo) o elegir de cenar en casa todas las noches (hábito).

El problema de los objetivos

Cuando quieres cambiar un aspecto de tu vida, muchas veces empezamos fijando un objetivo. Aunque muchos ‘gurus’ de autoayuda aconsejan el uso de objetivos, este enfoque tiene algunas facetas problemáticas:

Los objetivos tienen un punto final

Igual que la fuente en nuestro camino, un objetivo sólo es un punto en la línea temporal de tu vida. Hay que tener en cuenta que la vida continúa después de (no) haber conseguido la meta.

Un objetivo sólo es un punto en la línea temporal de tu vida

Esta es la razón por la cual muchas personas vuelven a su estado anterior después de lograr un objetivo determinado.

Después de haber participado en una maratón, hay personas que dejan de hacer ejercicio por completo. Otras personas ganan cierta cantidad de dinero para poco después endeudarse. Tal vez el ejemplo más conocido: personas que alcanzan un objetivo de peso, solo para arruinar su progreso al comer en exceso para celebrarlo.

Los objetivos dependen de la fuerza de voluntad y la autodisciplina

Ya sabes que la fuerza de voluntad es un recurso limitado. No hay problema cuando estás bien de energía, pero al final de un día duro de trabajo cuesta más hacer las cosas correctas. ¿Acaso nunca has estado mirando la televisión, sabiendo perfectamente que ya deberías estar en la cama para estar en buenas condiciones el día después?

Aunque se puede entrenar la fuerza de voluntad, siempre será un recurso limitado y no te puedes fiar de ella para cumplir tus objetivos.

Los objetivos dependen de factores que no siempre controlas

Si consigues o no tus objetivos depende de muchos factores y no todos los controlas tu.

Una lesión puede evitar que consigues tus objetivos de gimnasio, no logras tus objetivos financieros porque has tenido que reemplazar un electrodoméstico caro, una enfermedad en la familia afecta a tu estado emocional y sabotea tus objetivos de creación creativa…

Los objetivos pueden hacerte complaciente o imprudente

Los estudios científicos1 han mostrado que nuestro cerebro no es capaz de distinguir el acto de visualizar los resultados de tu objetivo — cuando planificas — de realmente lograr el objetivo. Este efecto es especialmente presente cuando informas a las personas en tu entorno de tus objetivos.

Además, los objetivos poco realistas pueden conducir a un comportamiento peligroso o poco ético.

Los beneficios de los hábitos

En contrario a los objetivos, que requieren un esfuerzo constante, los hábitos funcionan en modo autopiloto.

La idea es crear un conjunto de hábitos bien elegidos para llevarte poco a poco hacia tus objetivos. Este acercamiento sistemático tiene múltiples beneficios:

Una vez creado, los hábitos funcionan automáticamente

Un hábito es una acción que invocas de forma inconsciente. Todos ya tenemos muchos hábitos, acciones que hacemos en modo autopiloto desde el momento en que nos levantamos de la cama hasta la hora de acostarnos. Estoy seguro de que tu también sigues los mismos pasos cada mañana sin dedicar tiempo en pensar qué es lo primero que hay que hacer…

Los hábitos pueden significar que sobrepasamos nuestros objetivos

Aunque los hábitos son acciones pequeñas, una vez empezado habrá ocaciones que haces más.

Imagínate que quieres escribir un libro y para eso has creado el hábito de escribir 200 palabras cada mañana antes de ir al trabajo. Es un hábito pequeño equivalente a escribir dos emails, pero si lo consigues cada día tendrás tu libro de 50.000 palabras terminado en 250 días. Aún más, habrá días en que las palabras fluyen del teclado y de repente has escrito 1.000 palabras ese día y así terminas el libro aún más rápido.

Los hábitos son fáciles de terminar

Para volver al ejemplo anterior: el hábito de ‘escribir 200 palabras cada mañana’ es más fácil de hacer que ‘terminar de escribir un libro’.

Más importante, nuestro cerebro se adapta a los hábitos, creando autopistas neuronales que facilitan la ejecución de tu rutina. Después de unas semanas, será más fácil hacer tu hábito que no hacerlo.

Los hábitos son para toda la vida

Gran parte de las decisiones que tomas cada día, las tomas subconscientemente. Y hasta un 40% de las acciones que tomas cada día son hábitos que hemos ido acumulando durante los años.

Una vez que has creado un hábito, lo tendrás para toda la vida.

Los hábitos pueden ser compuestos

En su libro El poder de los hábitos, Charles Duhigg habla de los hábitos clave. Estos son comportamientos que hacen que las personas cambien áreas relacionadas de sus vidas. Por ejemplo, las personas que comienzan a hacer ejercicio diariamente pueden terminar comiendo mejor y bebiendo menos alcohol.

Es decir, un hábito puede generar varios hábitos relacionados.

La importancia de un enfoque sistemático

Los perdedores tienen objetivos, los ganadores tienen sistemas
— Scott Adams

Si, en lugar de enfocarte en tus objetivos, te dedicas a crear nuevos hábitos productivos, estás creando un sistema personal de mejora continúa.

Hay deportistas que tienen el hábito de revisar cada entreno para identificar puntos de mejora. El inversor Warren Buffett tiene al hábito de dedicar gran parte de su día a la lectura para así poder tomar mejores decisiones. El escritor Kurt Vonnegut sala cada mañana a caminar, para tener ideas frescas.

Hay miles de ejemplos, incluso en tu propia vida, que enseñan que si quieres avanzar necesitas crear hábitos productivos en lugar de enfocarte en los objetivos, porque los objetivos dependen de la motivación extrínseca, mientras los hábitos son automáticos.

No digo que no debes fijarte objetivos, yo también los tengo. Pero el uso de un objetivo es sólo como marco de pensar para decidir qué hábitos debes crear y qué sistemas debes implementar para avanzar en la dirección correcta.

  1. Gollwitzer, P. M., Sheeran, P., Michalski, V., & Seifert, A. E. (2009). When intentions go public: does social reality widen the intention-behavior gap? Psychological Science, 20(5), 612–8. http://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2009.02336.x ↩︎

Jeroen Sangers

el Canasto, Carrer Magí Morera 29-1, Lleida, CT, 25006, Spain

Management consultant artesano y conferenciante de alto impacto especializado en la productividad 2.0 para personas, equipos de trabajo y organizaciones.