Buenas y malas prácticas al usar alarmas

Cuando vi el título de este post de José Miguel Bolívar, pensé que no era para mí. Porque yo, de alarmas no uso muchos. Tengo el detector de humo en la cocina que a veces sale y nada más.

Pero resulta que para José Miguel la palabra «alarma» significa otra cosa:

una alarma es un recordatorio asociado a un instante temporal.

Esto a mi me suena como una notificación, pero José Miguel lo distingue:

Todas las alarmas llevan asociadas una notificación, pero no todas las notificaciones son alarmas.

No veo muy interesante hacer este distinción, porque la final da igual si lo llamas alarma o notificación, se trata de un recordatorio que te puede interrumpir.

Independientemente de la palabra que usamos, Jose Miguel tiene mucho a decir sobre la mala práctica al usar alarmas, la pésima práctica al usar alarmas y la buena práctica al usar alarmas.

En su artículo habla más que nada sobre una alarma para acordarte de hacer alguna acción concreto en un momento concreto. Personalmente, las únicas acciones de este tipo que tengo son las reuniones y por eso me sirven perfectamente las alertas del calendario.

La pésima práctica es usar alarmas que te recuerden que tienes que hacer algo en un momento o circunstancia falsos, es decir, que te has inventado tú.

Imagina que tienes que preparar un documento y «decides» que lo vas a hacer mañana a las 10:00, así que te pones una alarma a esa hora.

Esto es una pésima práctica porque, además de incumplir los requisitos de un buen recordatorio, va a romper tu concentración y a generarte un estrés innecesario.

¿Cuál es tu estrategia de «alarmas»?

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Jeroen Sangers

Anfitrión del Canasto. Mentor artesano especializado en la Efectividad 2.0 para personas y equipos de trabajo.

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