Has leído un libro o un blog sobre la productividad personal, y como sabes que debes organizarte mejor has empezado a implementar un sistema de productividad. Luego has creado tus listas de acciones, has apuntado tus citas en el calendario y has organizado los papeles en carpetas.
Si empiezas con un sistema de productividad estás motivado porque notas una mejora en la eficacia. Pero en muchas casos esta motivación no dura para siempre. Poco a poco, vuelven las pilas de papeles en tu mesa, ya no apuntas todo en tus listas de acciones, y durante una emergencia dejas de usar el sistema por completo.