¿Cómo pasar de soñarlo a ejecutarlo? La regla del 90–10

El mundo es de los soñadores dicen algunos por ahí. No estoy de acuerdo con esta frase, porque creo que está incompleta. Creo que algo más preciso y realista sería algo como El mundo es de los soñadores que, después de soñar, se esfuerzan y trabajan para ejecutar y hacer realidad ese sueño. No es una frase muy pegajosa o comercial, pero se acerca más a la realidad.

La web está inundada de frases motivacionales y de imágenes con playas paradisiacas de fondo invitándonos a creer que los que lo sueñan son los que lo logran o creer es poder. ¿Cuántos de los que leen esas frases son capaces de salir a aplicarlas a su vida? ¿Cuantos retienen la frase hasta el otro día o son capaces de recordar lo que leyeron si les preguntan una hora más tarde?

Hay algo erróneo con esta dinámica. ¿Qué es lo que está mal? Que la gente pasa más tiempo soñando que ejecutando.

Actualmente, la gente pasa el 90% de su tiempo soñando y visualizando, y sólo el 10% de su tiempo ejecutando. ¿Por qué?, porque resulta mucho más fácil soñar que hacer. Soñar en lo que queremos ser o en lo que queremos hacer no requiere ningún esfuerzo, y es un proceso natural. Vemos un comercial de televisión y empezamos a soñar con tener eso que nos mostraron en el comercial. Vamos camino al trabajo y empezamos a soñar que estamos en otro lugar o en otra situación, donde no tenemos que cumplir un horario o donde podemos llegar a trabajar a una hora donde no hay tanto tráfico en la carretera. Pero todo termina allí, en una simple aspiración y en un qué bueno sería….

Todo se queda allí, porque para pasar de ser una aspiración a ser una realidad hay que enfrentarse a ese otro 10%, a ese momento al que pocos se atreven: Al momento de la ejecución. No muchos lo hacen, porque este es el momento de la materialización, ese donde toca empezar a pensar, organizar y ejecutar. Ya se vuelve menos natural y cómodo, porque toca esforzarse y gastar tiempo en pensar cómo se va a ejecutar. Nos gastamos la vida pensando en lo que nos gustaría hacer, pero nos asustamos cuando llega la hora de pensar en cómo lo vamos a hacer.

¿Alguna vez te has puesto a pensar porqué hay tan poca gente en la cima de sus profesiones o de sus campos? ¿Por qué tan pocos logran la maestría? No existe una ley natural que limite el número de cupos, lo que sucede es que son muy pocos los que entienden que el grueso de su tiempo y energía no lo deben gastar en soñar, sino en ejecutar ese sueño.

La ley del 90%–10%

Teniendo en cuenta todo lo anterior, la ecuación debería ser al revés: El 10% del tiempo lo deberíamos gastar soñando y el resto 90% del tiempo lo deberíamos gastar ejecutando y materializando eso que soñamos.

Cumplir esa ley del 90%–10% y cerrar esa brecha entre soñar y ejecutar no es sencillo. Voltear 180 grados el panorama se vuelve una tarea difícil de lograr, cuando por tantos años hemos estado programados para pensar como siempre lo hemos hecho.

Pero existe una forma de empezarlo a hacer. Es hora de utilizar parte de ese tiempo que nos gastamos pensando en ese sueño, y empezar a pensar en algunas cosas que podríamos hacer para empezarlo a ejecutar. Empezar a pensar en términos del proceso. Aún no estamos ejecutando, simplemente pensando en algo un poco más sincronizado con la realidad.

Trata de sacar tiempo para responder algunas preguntas sencillas, que serán clave a la hora de afrontar esa transición entre el proceso de soñarlo y el proceso de hacerlo:

  • ¿Qué puedo hacer hoy mismo para empezar a hacer realidad eso que estoy soñando?
  • ¿Qué beneficios me traería hacer eso que estoy soñando?
  • ¿Me veo en un año haciendo esto mismo que quiero empezar a hacer hoy?
  • ¿Qué herramientas tengo a la mano o qué persona me puede ayudar para empezar con este proyecto?

Luego de responder estas preguntas, pueden pasar una de estas dos cosas:

  1. Habrá más motivación para empezar a ejecutar el proyecto, ya que tenemos más claro porqué queremos hacer eso que estamos soñando. Entrenaremos nuestra mente a pensar menos en fantasía y a pensar un poco más en realidad. Cada nueva idea que tengamos y cada cosa que queramos hacer, irán acompañados (en mayor medida que al principio) de formas concretas de cómo ponerlas en práctica y cómo ejecutarlas.
  2. Nos daremos cuenta que eso que tanto soñábamos no lo queremos ejecutar. Muchas veces, cuando empezamos a pensar en cómo hacer eso que tanto soñamos,nos damos cuenta que no lo queremos hacer, que no lo queremos ejecutar. Cuando pasamos de soñarlo a pensar en cómo ejecutarlo, deja de ser atractivo para nosotros. Esto es normal que suceda, ya que no todo lo que pensamos que queremos hacer en realidad lo queremos hacer. Pero no hay de qué preocuparse, ya que si esto sucede también trae una ventaja: Mientras más rápido pasemos por esta etapa menos tiempo y energía estaremos gastando en aspirar a algo que en realidad no nos interesa. Esto deja el camino libre para empezar a soñar e idear otras cosas.

La regla del 90%–10% nos evita hace parte de ese grupo de gente que sueña con algo durante 5 o 10 años, y cuando por fin se decide a hacerlo y empieza a ejecutarlo, se da cuenta que en realidad no era lo que le apasionaba y se lleva una gran decepción a la hora ejecutarlo.

Esta forma de acercase a lo que sueñas y a lo que piensas, aumentará la probabilidad de que, en algún momento, logres sincronizar lo que sueñas con lo que realmente quieres, y que logres materializar eso que piensas en algo concreto, en algo que puedas ejecutar. Tal vez, cuando menos lo pienses, estarás rumbo a hacer parte de ese grupo de élite que entiende que no vale la pena soñar si no se va a ejecutar.

Imagen Soñar cortesía de Shutterstock

Juan Esteban Bravo Álvarez

Obsesionado con ayudarle a entender a la gente que simple es mejor y que la simplicidad está subvalorada. Convencido de que el recurso más importante no es el dinero, es el tiempo. Con más tiempo se puede hacer más dinero, con más dinero no se puede hacer más tiempo.