Sobre la importancia del descanso para ser plenamente productivos

Imagina que tratas de contactar con alguien para interesarte por un producto o servicio y te responde con algo así:

Hola:  Actualmente me encuentro en mi año de descanso y estaré de vuelta para septiembre de 2015. Ponte en contacto conmigo entonces.

¡Qué radical! ¿no?… ¿Qué sentido puede tener esto si alguno?…

Como se trata de un caso real, te diré que lo que hay por detrás es un proceso dirigido a "reconectarse" y mejorar la productividad. En concreto, Stefan Sagmeister cuenta que cierra 1 año de cada 7 y que ha podido comprobar que esta práctica—que en realidad solo supone un 12,5% de su tiempo—incide a largo plazo en su productividad a través de una mejora clara de su creatividad, de un incremento en la calidad de lo que hace y de un aumento de sus ingresos.

En el otro extremo, muchos vivimos en un continuo parloteo con nosotros mismos, con nuestro volumen creciente de tareas pendientes, con los plazos, con el cambio de prioridades, etc. Y como consecuencia, un stress permanente o discontinuo generado por la ‘incapacidad aprendida’ de centrarnos en ‘el aquí y el ahora’. Al fin y al cabo, lo normal es utilizar nuestra cabeza como un contenedor de preocupaciones y no como una herramienta para pensar, ser creativos y aportar valor con lo que hacemos.

Cuando pregunto en mis talleres ¿cuál es el porcentaje de tu potencial que se manifiesta habitualmente en tu trabajo?" la respuesta media es ¡de un 53%! y esto no es solo atribuible a que los entornos profesionales no favorezcan habitualmente la productividad sino a cómo los gestionamos cada uno de nosotros. Por eso me llama la atención lo poco popular que es el tema del descanso al considerarse erróneamente una pérdida de tiempo, mientras que se sigue aceptando el trabajo ‘a medio gas’. E incluso en las casos en que utilizamos sistemas avanzados como GTD solemos olvidar que son más para no hacer que para hacer.

Una práctica no tan excepcional

Si investigas tan solo un poco descubrirás que las prácticas profesionales que llevan a cierto reposo mental y a recuperar la conexión con uno mismo no son tan excepcionales. Todos hemos oído, por ejemplo, cómo Ferrán Adriá ha venido manteniendo abierto su restaurante durante 7 meses al año mientras que el resto del tiempo lo dedicaba a investigar. Del mismo modo, algunas grandes organizaciones han establecido periodos de tiempo para trabajar en proyectos personales. Es el caso de Google (20% del tiempo) o de 3M, que da a sus ingenieros el 15% del tiempo para perseguir lo que deseen (la cinta adhesiva surgió de este programa). Así pues, y aunque podamos seguir esgrimiendo excusas para justificar el no hacer nada con esto, ¿no podría merecer la pena tratar de aplicarlo en la medida en que podamos?

Por dónde empezar

Probablemente lo más realista para la mayoría sea plantearse opciones que integren el descanso en el día a día. Ramiro Calle, por ejemplo, propone 4 simples pautas:

  1. Actitud adecuada, buscando siempre el lado más constructivo y creativo de cada actividad que se emprenda.
  2. Ejercicio diario y moderado, junto con prácticas de relajación.
  3. Saber desconectar del trabajo el tiempo necesario, fomentando intereses ajenos al trabajo. Lo contrario nos hace caer en la adicción y nos vuelve unidimensionales, haciéndonos perder muchos matices de la riqueza de la vida.
  4. Atender a las ‘5 fuentes de energía básica’: alimentarse bien, respirar correctamente, descansar mentalmente cuando dejamos la actividad, dormir reparadoramente y cultivar estados emocionales positivos (rodeándose de amigos, buen humor, naturaleza, aficiones, etc.).

Otra opción es empezar viendo este vídeo y sacando alguna conclusión al respecto de qué hacer con esta idea del descanso en tu vida...

Alberto Barbero

Soy consultor artesano, facilitador, coach. Mi propósito es ayudar a que las personas y los equipos ocupen un lugar central en las organizaciones y sean más productivos.