El poder de ficheros de texto

En mi ordenador tengo varias carpetas con cientos de documentos que no he abierto en los últimos 15 años. Son trabajos que hice en la universidad, documentación de las actividades que organicé en Holanda, cartas que he escrito al banco, etc…

No abro estos documentos, porque están hechos con aplicaciones que ya no tengo: WordPerfect 5.1, DeskTop Publisher, aplicaciones programadas por mi y un montón de otra aplicaciones de las cuales no recuerdo ni el nombre. Seguramente existen maneras de abrir o convertir algunos de estos ficheros, pero no quiero invertir tiempo.

Sólo algunos ficheros antiguos aún puedo leer sin ningún problema: los ficheros .TXT. Es el único formato que funcionaba en mi primer ordenador (un Philips con un disco duro de 20Mb) y que seguramente todavía usaré de aquí a 20 años.

Todos los demás formatos, incluso los de las aplicaciones libres, seguramente dejaran de existir en algún momento. Por esta razón, intento usar ficheros TXT cuando puedo.

En mi teléfono guardo unos 300 ficheros de texto con mis notas: ideas para artículos, listas de control, información útil, planes, notas de reuniones…

También este artículo lo he empezado como un fichero de texto en mi teléfono cuando tenía la idea para este post. Unos segundos más tarde ya tenía el fichero en la carpeta de Dropbox en mi ordenador, desde dónde estoy finalizando el texto.

Markdown

Si necesito indicar el formato del texto, uso la sintaxis de Markdown. Si por ejemplo quiero indicar que una palabra tiene que ser en cursiva en el texto publicado, pongo la palabra entre asteriscos: *esto será cursiva*. La documentación explica exactamente cómo puedes crear cabeceras, enlaces, listas, etc.

El gran beneficio de Markdown es que todavía puedes leer el texto sin problemas, algo que no sería el caso si utilizara algo como HTML para dar formato.

Etiquetas

Algunas de las aplicaciones modernas para gestionar material de referencia, por ejemplo Evernote, ofrecen funciones avanzadas como la posibilidad de etiquetar documentos. Yo, simplemente pongo mis etiquetas al final de los documentos de texto, usando una arroba para indicar que se trata de una etiqueta. Los buscadores en los sistemas operativos actuales permiten buscar por texto dentro de los documentos y encuentran fácilmente todos los textos etiquetados.

Formato final

Obviamente, no siempre puedo publicar documentos con solo texto. Cuando se trata de, por ejemplo, material para mis cursos, tengo que importar el texto en otra aplicación para crear un fichero PDF que incluye, por ejemplo, el logotipo.

En mi opinión, este es otro beneficio de trabajar en texto: tener dos fases estrictamente separadas. Primero, redacto el texto y finalmente, me preocupo de la presentación visual.

De cada publicación guardo ambas versiones: el fichero de texto y el formato publicado. Así me aseguro de poder acceder a la información dentro de 20 años.